En un interesante artículo publicado ayer en El Comercio, Juan Paredes Castro analiza el último nombramiento de Manuel Rodríguez Cuadros como embajador de Perú en Bolivia. Para el editor de Política, la necesidad de darle una mirada pragmática a la diplomacia peruana ha logrado que Torre Tagle se encuentre con una política más realista y menos ideológica en sus relaciones internacionales. “La diplomacia no puede quedarse atrás en un mundo de relaciones cada día menos ideológicas y más pragmáticas. Y con ese mismo criterio tienen que ser designados y empoderados quienes precisamente deben asumir su marcha, con sus pasivos y activos”, dice Paredes Castro.
Por: Juan Paredes Castro
Venga del presidente Alan García o de su canciller José Antonio García Belaunde, Torre Tagle ha vuelto a hacer de la “real politic” una virtud aplicada al destino y desempeño de sus propios funcionarios.
De ello parece ser producto el nombramiento del ex ministro de Relaciones Exteriores Manuel Rodríguez Cuadros como nuevo embajador en Bolivia. Y no hace poco ocurrió lo mismo con Harold Forsyth, al designarlo embajador en la República China.
La necesidad urgente de recomponer las relaciones peruano-bolivianas desde un enfoque más realista tiene que hacer de la misión de Rodríguez Cuadros en La Paz una extensión de la punta del hilo de su nombramiento, al haber sido considerado como la personalidad ideal para desapasionar los humores acumulados con el régimen de Evo Morales y afinar un entendimiento bilateral siempre complejo.
La diplomacia no puede quedarse atrás en un mundo de relaciones cada día menos ideológicas y más pragmáticas. Y con ese mismo criterio tienen que ser designados y empoderados quienes precisamente deben asumir su marcha, con sus pasivos y activos.
Es inconcebible administrar una diplomacia moderna en un marco cuadriculado de patrones doctrinarios e ideológicos o de pasiones políticas y partidarias. No olvidemos el baloteo del que fue víctima en el pasado Javier Pérez de Cuéllar, luego elegido secretario general de la ONU y finalmente honrado, en su propia patria, como canciller y primer ministro del gobierno de Paniagua.
El rescate de Rodríguez Cuadros, casi del filo de la disponibilidad (una especie de retiro voluntario o forzado, según las circunstancias) y en su condición de hombre escogido para poner un candado de inteligencia diplomática en la triangulación chilena que acostumbra mecer a Evo Morales, debería servir de punto de partida para incorporar a los cuadros profesionales de la cancillería a una “real politic” institucional más consistente.
Torre Tagle es una de las pocas instituciones modelo del país con una línea de carrera muy bien estructurada en el tiempo. Nada debiera dañarla a causa de los intereses políticos coyunturales.

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